cadenaser.com-    Juan Revenga, dietista-nutricionista, arroja luz sobre el sambenito que tradicionalmente se le ha colgado a la cerveza

La curva de la felicidad. Esa “tripita” que, sobre todo, muchos varones de mediana edad ven asomar cuando inclinan su mirada; ha tenido históricamente un responsable: la cerveza, objeto de todas las culpas, pasa examen en los estudios de SER Consumidor. Juan Revenga, dietista-nutricionista nos desvela que, a diferencia de lo que se pudiera pensar, este zumo de cebada no es el responsable directo del mal que le achacamos.

“La tripa no es cervecera”, dice Juan Revenga, desechando otro mito más sobre alimentación en los estudios de SER Consumidor. “A la cerveza se le ha colgado este sambenito, pero la verdad es que poco del estilo de vida que tienen las personas con esta tripa es achacable a la cerveza, aunque la consuman”, matiza el experto que, además, nos cuenta los tres auténticos motivos por los que se genera la tripa “tutiguarri”, como la denomina.

Uno de los elementos por los que se asocia la formación de una tripa de mayor volumen a aquellos que beben cerveza es la cantidad de ella que consumen. Por lo tanto, el problema no radica en la cerveza en sí, sino en que “consumen mucho volumen de eso que están tomando”, sea lo que sea, advierte Revenga. De hecho, no duda en señalar que el zumo de tomate tiene más calorías que el de cebada y, sin embargo, nadie lo responsabiliza. ¿El motivo? “Nadie toma mucho zumo de tomate. Cerveza, sí”.

En segundo lugar, el estilo de vida que acompaña al consumo de la bebida que nos ocupa hoy tiende más al sedentarismo. “La cerveza la tomamos apoltronados en el sofá, acodados en la barra de un bar…”, dice Revenga, al tiempo que indica que el consumo otras bebidas, que pueden tener incluso más calorías, está asociado al deporte o a una vida más activa, lo que ayuda a reducir su impacto en nuestro cuerpo.

Por último, pero no por ello menos importante, la comida con la que acompañamos a la cerveza suele ser poco recomendable si lo que se busca es cuidar la línea. Mientras que a un vaso de zumo de tomate podríamos asociarle una salmuera o pepinillos, la cerveza la acompañamos de patatas bravas, cacahuetes, torreznos… Una combinación algo menos saludable.

En definitiva, podría decirse que la tripa no es cervecera, sino de todos los elementos que componen, por norma general, el estilo de vida del consumidor de este zumo de cebada.

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