El resultado fue inapelable. Sánchez conseguía el 50% de los votos frente a Díaz, que se quedó en el 40%.

Pedro Sánchez arrolló a Susana Díaz con una diferencia superior a los 13.000 e incluso consiguió más del 50% de los votos de los militantes a pesar de haber tres candidatos. «Vamos a construir un nuevo PSOE para regenerar España», dijo en su comparecencia. «Lo que teme el Gobierno es un PSOE unido».

El nuevo secretario general del PSOE, que lo es por segunda vez gracias al voto de los militantes, gana con mucha claridad en todas las comunidades autónomas salvo en Andalucía, donde Susana Díaz es presidenta de la Junta y secretaria general del partido.

La victoria fue indiscutible. El portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, hombre de confianza de Díaz, reconoció «la limpieza» del proceso. Y todos felicitaron públicamente al ganador, menos Susana Díaz, que no lo hizo en su comparecencia ante los miembros. Con cara de circunstancias, la presidenta regional sólo dijo que ya había «trasladado mi enhorabuena al secretario general electo», sin citar en ningún momento del nombre de quien se ha convertido en su peor pesadilla: Pedro Sánchez.

Las bases han decidido revertir con más del 50% de sus votos la decisión del Comité Federal del 1 de octubre que tumbó a Sánchez y que aprobó una dirección provisional -la Comisión Gestora– que ahora ha quedado desacreditada. Pero, sobre todo, los militantes del PSOE han rechazado de forma rotunda y con su voto libre y secreto la decisión del Comité Federal para que los 84 diputados del PSOE se abstuvieran para hacer presidente -todos, en bloque y cambio de nada- a Mariano Rajoy.

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