El estudio, dirigido por las doctoras Sarah Kingston y Natalie Hammond, encontró que la media de anuncios de hombres ofreciendo sus servicios de compañía ha aumentado de un 5% (una media de 246) en 2010 a un 15% (alrededor de 732 anuncios) durante el pasado 2014.

Tras ver estos datos, los investigadores se plantearon a qué se debe el aumento del consumo de prostitución masculina y trataron de establecer un perfil estándar sobre las mujeres que pagan por sexo. “Estamos tratando de encontrar las motivaciones y experiencias de las mujeres que reservan acompañantes; quiénes y dónde compran sexo y conocer a fondo cómo se negocia con la seguridad y la intimidad física de estos encuentros”, comenta Kingston.

Los hallazgos iniciales de la investigación, que forma parte de un proyecto más amplio llamado Women Who Buy Sexual Services in the UK, encontraron que las mujeres que pagan por sexo son de todas las edades y la mayor parte de ellas suelen ser solteras.

Los investigadores, que contaron con la participación de 21 escorts masculinos que trabajan actualmente para averiguar qué es lo que buscaban sus clientas femeninas al contratar sus servicios, concluyeron que “la razón principal de la transacción económica a cambio de compañía o sexo se debe a que les falta tiempo para mantener una relación de pareja”.

“Los encuentros casuales o los romances pueden ser complicados; contratar un escort ofrece control, la oportunidad para experimentar sexualmente y la exploración de fantasías sin el miedo de ser juzgado por el compañero”, señala Clarissa Sebag-Montefiore en un interesante artículo publicado en Aeon.

De hecho, este tipo de servicios se encuentran en portales y webs especializadas o en anuncios específicos. A diferencia de los hombres que contratan prostitutas, las mujeres no acuden a clubes en busca de sus acompañantes sino que eligen desde la intimidad con quiénes quieren encontrarse antes de salir en busca de un acompañante.

Altura, complexión, edad, origen e incluso aficiones o especialidades –entiéndase, en la cama–, son algunos de los rasgos que ellas pueden averiguar antes de solicitar los servicios de un escort. Algo así como buscar al príncipe azul –aunque sea para unas horas o días– a la carta. “El proceso de selección es algo diferente al masculino”, explica Sebag-Montefiore: “tiene más que ver con la posibilidad de elección del hombre ideal que la mera satisfacción de los deseos”. De ahí que sus servicios sean mucho más caros y que los procesos de selección para entrar en este sector también sean mucho más duros para ellos

Por lo general, la prostitución masculina suele estar directamente relacionada con mujeres con un alto poder adquisitivo. Su consumo –mucho más habitual en Occidente– está asociado al lujo y conlleva el desembolso de grandes cantidades económicas. Están dispuestas a pagar por un producto de calidad por lo que no se cortan en exigir determinadas características y, sobre todo, discreción en la contratación de sus servicios.

Anuncios