Cuando nuestra vida sexual está de maravilla, el mundo parece un lugar mejor. Se nota en la cara, en la sonrisa, en la forma de hablar. Pero cuando no anda muy bien, el mal humor se escabulle por los poros.

En general, me ha ido bien con mis parejas. Es decir, me han tocado hombres cogelones, o así los he elegido. Ésos que no te quieren quitar las manos de encima, que te hacen sentir deseada hasta cuando crees que estás en las peores fachas de tu vida, lo cual se agradece.

Pero no toda mi vida he contado con pareja. También he tenido mis épocas de sequía, y aunque nunca falta quién te quiera coger, sobre todo si eres mujer, en ocasiones las cosas no se dan. No coinciden los tiempos, o tienen pareja los frees con los que una contaba, o simplemente no se te antoja nadie disponible de primera mano.

Hace un par de años me hallaba sin pareja, trabajando de sol a sol y estudiando, lo cual me llenaba de cansancio y me quitaba todo el tiempo para relacionarme. Además, cuando le decía a un amigo que nos viéramos para agarrarnos cariño, éste no podía si yo estaba disponible y viceversa. Pasó un mes y yo no había cogido. Pasaron dos, tres… ¡tres! Fue un completo martirio. Estaba urgida.

Dicen que los hombres piensan más en sexo que las mujeres, pero déjennos de dar un rato y verán cómo pensaremos en él. No pasaba otra cosa por mi cabeza; todo lo relacionaba con sexo. No había modo, estaba yo sola con mi mano y mi softporn.

Entonces, la gente comenzó a notarlo. Me veía cansada, de malas, intolerante. Y sí, ni yo misma me aguantaba. Había momentos en los que sentí excitación sólo con caminar por la calle y que el pantalón rosara mis intimidades. Cuando me sentaba, cruzaba las piernas y las apretaba; sentía placer; pero no, definitivamente necesitaba la penetración. ¿Estoy enferma? No, no lo creo.

A partir de ahí, comencé a comprender aquella típica frase que se dice cuando conoces a una persona amargada: “Lo que necesita es que se la cojan”. Siempre me pareció machista, porque generalmente se dice más eso de las mujeres que de los hombres.

Pero, piénsenlo, el mundo sería mejor si todos y cada uno de los mortales tuviéramos un orgasmo diario, pero no sólo por la vía de la masturbación, sino a partir de sexo de calidad, de una conexión con una persona que te haga explotar, y no me refiero precisamente al amor: a veces, lo único que se necesita es una buena cogida.

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