Carlos Rosales. Blogs Cinco Días. – Muy interesante la tribuna de Ignacio Pérez Dolset, en este periódico, titulada “ La oportunidad digital de España”. Lo es, no solo por lo que dice, sino por lo que también hace como fundador de la universidad U-Tad.

Nos interesa pasar de un modelo de consumidores de tecnología a otro de consumidores-productores de tecnología digital. La reindustrialización de nuestro país no pasa por recuperar las viejas fábricas, sino por crear nuevas empresas digitales. La Era Digital es la nueva revolución industrial.

Creo que parte del éxito de los EEUU en esta nueva revolución reside, no solo en su pasión nacional por lo nuevo, sino también por fabricar lo nuevo. Acompaña a esto un sistema universitario y financiero muy flexible y orientado a objetivos.

He tenido la suerte de visitar el MiT Media Lab hace pocas semanas.

Esta escuela laboratorio, fundada por el gran gurú de la Era Digital, Nicolás Negroponte, lleva años inventando el presente que conocemos. Desde piernas artificiales al juego Guitar Hero.

Encuadrada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts es una universidad anti académica, según su propia definición. Lo importante son los laboratorios ( 25) y los proyectos (400) en los que trabajan estudiantes de todo el mundo dirigidos por primeras espadas de cada campo del conocimiento. Al contrario que en la educación clásica, que encuadra al estudiante en una carrera, en el Media Lab el estudiante está encuadrado en un proyecto, por lo que se mezclan todas las disciplinas necesarias para sacar el proyecto adelante.

Así mismo tienen un ambicioso proyecto de mecenazgo con empresas de todo el mundo.

Mezcla, por tanto, todos los modelos posibles, de muchos ámbitos ideológicos en pos de conseguir los resultados apetecidos.

Estos son, básicamente, crear, inventar. Luego son las empresas, las instituciones o los propios estudiantes los que ponen esas tecnologías en mercado.

En Europa se tiende a dejar en manos del Estado o las grandes empresas la investigación en nuevas tecnologías. Este sistema limita a los presupuestos la cantidad de recursos que se aplican cada año. Sin renunciar a una implicación estatal en fondos, también hay que exigirle al mundo académico que se libere del corsé decimonónico y se abra a la nueva Era Digital.

La participación activa de la empresa, no solo entendida como la gran empresa, sino también la pyme es fundamental para digitalizar nuestra actividad económica.

Si, tanto el legislador como el catedrático se lo pone fácil al emprendedor digital o a la empresa que quiera reconvertir su actividad, triunfaremos.

Si no es así, pues siempre nos queda el Sol y el Ladrillo.

En Mijas se inventó el Burro Taxi, no todo está perdido

 

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